La fuerza de la progresión

Photo by Stockcake

Después del resacoso mes de enero en el que  el fin de las fiestas genera un extraño estado de vacío que te invita más bien al recogimiento, llega el mes de febrero, antesala de la primavera. Todavía la niebla, la lluvia y el frio están muy presentes y nos mantienen en un estado semihipnótico pero vamos despertando y activando gradualmente nuestra energía.

El inicio de un nuevo año siempre comporta ilusiones, proyecciones sobre la dirección que queremos tomar en diferentes aspectos de nuestra vida, decisiones que por fin realizamos porque ya han llegado a madurar lo suficiente para dar el impulso final, etc.

Movilizar nuevos aspectos de hacer y de ser en nuestra vida comporta siempre inicialmente un esfuerzo en el que patrones antiguos se muestran resistentes a ceder y nos intentan seducir con “cantos de sirena” para volver a lo ya conocido. Ello puede suceder en muchos aspectos que sostenemos en todos los ámbitos de nuestra vida  pero que realmente sentimos que nos incomodan o que no acaban de funcionar del todo. Cuando queremos pasar a la acción es cuando nuestra forma de proceder habitual nos intenta frenar. Es como que la instauración de un nuevo programa de software implica cambios que requieren de paciencia y perseverancia si queremos que realmente se instalen en lo más profundo de nuestra conciencia. Ello sin duda implica que nuestro inconsciente los absorba y empiece a sintonizar de forma sinérgica con nuestra parte mental-ejecutiva que marca las directrices de nuestros objetivos y metas.

Para ello es también fundamental nuestra motivación, que no es algo que venga de la mera reflexión, sino de acciones que nos impulsan hacia el futuro.  En cuanto se emprenden estas acciones se activa una fuerza más potente, es la fuerza de la progresión.  Muchas veces ello nos impulsa a soportar el dolor o la incomodidad. Lo que  hacemos en el presente, por doloroso que sea, adquiere sentido en relación a lo que queremos del futuro. A quien se instala en la evitación solo le interesa la gratificación inmediata; no se responsabiliza de su futuro. Por lo tanto, la fuerza de la progresión solo funciona  si decidimos conscientemente usarla y aceptar el dolor que comporta. Suele ser muy común optar por la evitación, y de resultas de ello no cumplimos nuestro potencial ni llegamos a ser nosotros mismos por completo.

En todo este proceso se habla también mucho de la importancia de la actitud para el cambio, pero para cambiar de verdad hay que cambiar de conducta, no solo de actitud. Las actitudes no pueden controlar la conducta, no son lo bastante fuertes.  Para controlar la conducta necesitamos  implicarnos hasta llegar a fundirnos con esta fuerza y nutrirnos de ella. Esto es lo que sin duda va a promover el cambio real que tanto deseamos.

Nietzsche reflexionaba al respecto “parece que la adversidad en sí misma lo haga a uno más fuerte, pero no es así: solo quien progresa ante la adversidad alcanza la fuerza interior.

He podido observar muchas veces que  cuando un paciente realmente se esfuerza en progresar, aparecen de golpe personas y oportunidades, como por arte de magia, y lo ayudan en su camino. Todo reside en darse la oportunidad para experimentarlo.

Parte del texto extraído del libro “El método Tools” de Phil Stutz y Barrry Michels

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